Mostrando entradas con la etiqueta Casquerazo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Casquerazo. Mostrar todas las entradas

martes, 7 de febrero de 2012

Gredos 4-5 de febrero: Los verdaderos objetivos y un arco iris

Entre tanta cima, tanto GPS y no sé cuántos desniveles, a veces llegamos a olvidar los verdaderos objetivos de las rutas. Este fin de semana en Gredos los recordamos.

Con unas previsiones de nubes y claros pero con un visitante siberiano de “no salgan de casa ni locos”, Maranta “la lianta”  (que reservó el refugio la semana anterior), Táber, Pablo, Paco y un servidor nos plantamos en la plataforma de Gredos antes de las 10 am del sábado. La nieve circundante a la carretera era la justita pero al salir del coche nos quedó claro lo que nos esperaba: Frío, mucho frío.

En los primeros metros de suave subida sorteamos los placones de hielo de siempre – sin problemas, son como de la familia – pero, pasado el puente de cemento, se apuntó a la ruta un “acoplado coñazo que nunca ve la hora de marcharse”: El viento. Una guillotina de brutal corte seco.

De Ola de frío en Gredos


El aliento y la mucosidad se nos congelaban en los cuellos polares y las bufandas (iba a poner que se nos helaron los fluidos en las bragas pero se podría malinterpretar).
A mitad de subida nos pusimos los crampones… para quitárnoslos al poco de superar Los Barrerones. Piedras con fina capa de nieve pateada.

Más viento helado.

Atravesamos la laguna con cuidado de no salirnos de la huella, para llegar al refugio Elola.

De Ola de frío en Gredos


Ahí nos encontramos con uno de mis profesores de TodoVertical, Álvaro, que nos confirmó lo que ya intuíamos: Pese a la momentánea ventanita en el cielo, el Almanzor debía esperar… Esperar a Jesús, a Manu, a Marcos, a Eva, a Jose, a Almu y a tantos otros.

Liberamos peso en las taquillas y con un par de mochilas, cuerdas y estacas tiramos hacia el collado del Casquerazo por la canal más directa. Nuestros límites eran el tiempo y el medio metro de nieve sin consolidar de la primera mitad de la ascensión.

Afortunadamente, a medida que aumentaba la pendiente también lo hacía la firmeza del piso. Eso nos permitió llegar arriba a las 4 y pico, no sin antes perder a Táber en los últimos riscos (“uy, el nuevo... ¿cómo se llamaba?, parecía buen chaval”).

De Ola de frío en Gredos

El mismo viento bestial de la antecima que nos despejó el cielo de nubes para disfrutar de las vistas, nos echaba de su territorio a patadas. Tras unos cien metros en mixto por la cresta, alcanzamos la parte del collado más amplia para iniciar el regreso por una pendiente un poco menos dura.

Y ahí coincidimos todos en lo necesario que es practicar todas las técnicas – avance, encordado, aseguramiento, etc. – en condiciones ideales, para tenerlas absolutamente automatizadas en situaciones de viento, frío, cansancio y nervios.

De Ola de frío en Gredos

Y así fue porque Maranta se acojonó (como yo lo hubiera hecho hace muy poco) ante una pendiente helada de las que había superado docenas de veces antes y Táber, con sobrada experiencia en escalada, tardó diez minutos eternos en asegurarla en ensamble y hacerse un burruño con la cuerda restante.

Ya en terreno más suave nos reímos, nos relajamos... y alguno que otro se metió en un nevero hasta la cadera.

De Ola de frío en Gredos


En el refugio nos recordaron que los aseos estaban atorados por el hielo. En esas circunstancias el pudor personal deja paso la comprensión general.
Con esfuerzo, los guardas habilitaron una solución intermedia: unos cubos con agua.
También tuvieron la cortesía de permitir el acceso con botas. Algo excepcional por una climatología excepcional.

Y Paco, ¿qué pasó con las intenciones de Paco de pernoctar al raso? Pues que como estaba cubierto y no había Luna ni estrellas que contemplar, se le quitaron las ganas de dormir con máximas de -10 ºC (sensación térmica aparte).

De Ola de frío en Gredos


Cena a las 8 pm. Sopa de pasta, lomo de cerdo con champiñón y ensalada, y espuma de chocolate con barquillo. Todo ello regado con la compañía de una pareja muy maja.
A las 10 catre. Literas superiores. Ronquidos al margen (no fue especialmente trágico), los que optaron por colocar la cabeza hacia la pared notaron humedad e incluso goteras.
Táber dijo (con sorna) sentirse aliviado por haber traído el saco de verano, pero yo dormí bastante bien con saco fino y ropa ligera.

Tras los cirios para cambiarnos, asearnos y ponernos las lentillas, a las 8 desayunamos y a las 9 y pico arrancamos rumbo a la plataforma con intención de pasar antes por el Morezón.
El cielo estaba cubierto, la temperatura era un pelín menos baja pero el viento seguía siendo canalla.

De Ola de frío en Gredos

Pasada la laguna, iniciamos la subida. Pero a los pocos metros se juntaron varios condicionantes. Principalmente, la exigencia del terreno y la incertidumbre del porvenir en los tramos superiores a lo que se unió la rotura de un crampón de Paco (justo en el mismo lugar que la temporada pasada, por cierto).

Ante todo ello, Pablo y Táber, antepusieron el sentido común a sus ganas y propusieron volver por donde siempre.
Pablo se emocionó recordando su anterior subida a destajo con Jesús. Hasta se le escapó una lagrimilla... ¡ah, no, que era un moco!

De Ola de frío en Gredos

Antes de llegar a los Barrerones, en plena niebla, un hombre que bajaba hacia la laguna me pidió seguirnos para volver a la plataforma. Venía con un grupo de cincuenta y la madre, de los que solo conocía (?) a tres o cuatro y en cuanto se paró un momento lo dejaron atrás. Sin comentarios.

Entre los últimos domingueros con playeras y katiuskas, todavía cubiertos por la ventisca, convenimos cuáles eran los verdaderos objetivos de esta ruta y de las demás: Ir, volver y, pase lo que pase, disfrutarlo.

De Ola de frío en Gredos

Recuperación de nutrientes en “La Bodeguilla” de Hoyos del Espino. Cerveza fría y hamburguesa con huevo y patatas que se salían del plato que, gracias a las nuevas tecnologías, tuvimos el placer de compartir con Eva... (Pablo, que le envió una foto con mucho recochineo).

De vuelta a casa, la meteorología reconoció nuestro honor como valientes rivales en la noble batalla y nos despidió con un inmenso arco iris.

Prometemos seguir luchando. ¿Quién se anima? ¡Maldita sea, no os oigo!: ¡QUIÉN SE ANIMA!

martes, 8 de febrero de 2011

Ascensión invernal al Casquerazo desde el Elola

Después de varias semanas haciendo vida monástica, POR FIN pude escaparme el sábado pasado de mis exigentes ocupaciones para realizar una gran ruta invernal junto con Pablo, Eva, Jesús, Dani, Manu y Jose por el Circo de Gredos, que estaba a rebosar de nieve. Tras su anterior visita al Morezón un par de semanas atrás, Pablo y Jesús aseguraban haber oído unas misteriosas y seductoras voces procedentes del Casquerazo y era menester ir a averiguar si habían perdido el juicio o verdaderamente habla la montaña...

De Casquerazo 5-02-2011

Los pronósticos habían dado un tiempo excepcionalmente bueno, de manera que cuando llegamos al párking de la plataforma de Hoyos del Espino comprobamos con pavor que no habíamos sido los únicos en querer disfrutarlo: eran apenas pasadas las 9:30 y ya no quedaban plazas libres, así que nos las vimos y deseamos para encontrar sitio para los coches.

Empezamos la ruta hacia los Barrerones pisando nieve desde el principio, acompañados de una multitudinaria procesión de gente entre montañeros, esquiadores y aficionados al trineo de toda índole (algunos incluso jugándose el tipo en vaqueros y zapatillas deportivas, los muy inconscientes), disfrutando de unos paisajes completamente blancos y un cálido sol de lo más agradable. Pero la montaña es muy grande y pronto fueron repartiendose por todas partes los distintos grupos, disipándose un tanto la sensación de agobio por la masificación humana.

La generosa capa de nieve recién caída apenas una semana atrás no se había endurecido y nos hundíamos en ella hasta casi las rodillas, con lo que fuimos hasta el refugio Elola por la huella abierta que cruzaba la Laguna Grande, ahora helada y cubierta de nieve. Una vez en el refugio nos equipamos con el resto del material e iniciamos la ascensión por la empinada canal que lleva hasta la Portilla de los Machos. Pudimos comprobar que la gran mayoría de montañeros tiraba hacia el Almanzor y la Galana, pero afortunadamente para nosotros alguien se nos adelantó y nos dejó una buena huella en la nieve blanda que nos iba a ahorrar cuantiosos esfuerzos.

De Casquerazo 5-02-2011

Empezamos con ganas la subida y al poco nos topamos con un grupo haciendo un curso de escalada en hielo que nos dejó impresionados. Seguimos adelante entre resuellos, palpitaciones aceleradas y no malos sudores conforme iba aumentando la pendiente y el desnivel acumulado. Jesús encontró un ritmo cómodo y enfiló para arriba ganando cada vez más ventaja, mientras que los demás nos teníamos que ir conformando con ir progresando trabajosamente según nos iban permitiendo nuestras fatigadas piernas. Un poco antes de alcanzar la portilla nos encontramos con placas de nieve congelada y hielo y tuvimos que extremar las precauciones, pero continuamos sin problemas hasta alcanzar la Portilla de los Machos. Allí quedamos expuestos a un viento más que gélido y nos buscamos un lugar soleado al abrigo entre las rocas para comer.

De Casquerazo 5-02-2011

La cima del Casquerazo se alzaba tentadora ahí mismo a apenas unos pocos metros de distancia, pero las placas de hielo y la fuerte pendiente hacían muy delicada y expuesta la corta subida hasta ella, de manera que la mayoría decidió no tentar a la suerte y se conformó con haber llegado (no sin dificultad) hasta la portilla. No obstante, Pablo atisbó una forma de atacar el tramo final y fué a darle un tiento con los piolets técnicos. Así, avanzando pasito a pasito con mucho cuidado pero con firme decisión, logró coronar la cima en solitario y regresar triunfante ante la atenta mirada del resto de compañeros que aplaudimos admirados la hazaña. Tras comentarnos que era factible yendo despacito y con cuidadín, decidí probar y darle buen uso a mis piolets nuevos, que hasta ese momento habían hecho entre poco y nada debido a la nieve blanda. Así pues, también logré hacer cima siguiendo las huellas de Pablo (si es que se le puede dar ese nombre a las marcas que dejan las puntas de los crampones y los piolets cuando tasamente se clavan en la nieve congelada y el hielo) y me quedé con muy buenas sensaciones (a pesar de que se me saliera un crampón justo cuando me quedaba un metro para de terminar). Felizmente pudimos constatar que la montaña efectivamente habla si se la sabe escuchar bien.

De Casquerazo 5-02-2011

Después de comer un poco iniciamos el descenso que, tras dejar atrás las placas heladas, fue mucho más cómodo y tranquilo que la subida (eso sí, cuidándonos bien de evitar pisar las rocas ocultas entre la nieve blanda). No obstante, aún quedaba sofocarnos y sudar un poco más en la rampa que sube de vuelta hasta los Barrerones (breve pero intensa ahora que va toda directa y sin zetas, aunque a Jesús le dio exactamente igual que las hubiera o que no pues volvió a poner el turbo para "poner las piernas a tono para cuando vuelva a los Himalayas" y no hubo manera de seguir su ritmo infernal). A partir de ahí lo que quedaba era todo bajada y nos deleitamos con un bonito cielo crepuscular de tonos rosados. Llegamos a los coches con la última luz del día y nos entretuvimos lo justo para guardar las cosas pues estaba haciendo un frío cada vez más intenso. Finalmente nos dirigimos a Hoyos del Espino, en concreto al Bar Drakkar (desde hace ya unos años visitado de continuo en nuestras salidas por Gredos) a por unas merecidas cervezas (bien acompañadas de una suculenta ración de albóndigas en salsa para darles sustancia), concluyendo felizmente tan gloriosa jornada.

Un xaludote