martes, 16 de septiembre de 2014

Estirando las piernas por el Pinar de la Acebeda

Después de un largo tiempo recibiendo en el móvil fotos increíbles de lugares recónditos del planeta a los que decidieron viajar muchas de las personas que forman este grupo, decidí dar por finalizada la tregua senderista y acercarme a la sierra de Guadarrama y disfrutar, después de un largo tiempo, de buenas rutas con agradable compañía.

El calor del verano no iba a ser un impedimento. Aunque era en estos meses de vacaciones cuando resultaba más complicado coincidir con alguien, resultó que eramos varios los que teníamos ganas de ponernos en marcha y despejarnos del ambiente urbano.

En esta ocasión seleccionamos una ruta inédita en este grupo y, como se demostraría más adelante, muy adecuada para esta época del año: el Pinar de la Acebeda. Ana, Jose, Skylark y yo, acompañados de otro Jose, amigo de Skylark, nos juntamos en Revenga sobre las 10:00 de la mañana para disfrutar de un bonito recorrido no especialmente duro.



Como decía antes, dejamos el coche en Revenga y partimos por la pista de acceso restringido que conduce al Embalse de Puente Alta a unos 1100 metros de altura. Desde aquí, con algunas dificultades, seguimos el camino paralelo al río Frío, que en aproximadamente una hora de ritmo lento nos conectaría con una pista en magnífico estado que poco a poco iría cogiendo altura. El recorrido era cómodo y la temperatura fantástica.

Unos kilométros más adelante, nos salimos de la pista para afrontar la parte dura de la jornada, la subida al Collado del río Peces a 1758 metros de altitud. He de decir que nos causó cierta decepción el alcanzar este collado, pues esperábamos encontrar en él bonitas panorámicas de la Mujer Muerta, pero apenas pudimos distinguir entre los pinos las cimas más señaladas de la cuerda.



Salimos de este punto con una fortísima bajada en la cual nos encontramos a 4 o 5 personas que serían de las pocas que veríamos durante toda la jornada. Al alcanzar el arroyo de la Acebeda surgieron varias dudas y finalmente elegimos un camino que, para nuestra sorpresa, acabó reduciendo la distancia final de la ruta, al irse separando gradualmente del río e internándose en el pinar. El caso es que elegir este camino resultó ser un verdadero éxito, pues pudimos ver numerosos ejemplares de acebos, muchos más de los que ninguno de nosotros habíamos visto hasta entonces.

La bajada final fue rápida y con algunas pendientes acusadas, lo cual dejó a Jose un poco tocado de sus rodillas. Esperemos que eso no le haga desistir y repita pronto con otra ruta en el grupo.

Finalizamos en torno a las 16:30 en Revenga, justo para tomar unas buenas cañas y volver pronto a casa. Realizamos alrededor de 17 kilómetros y unos 650 metros de desnivel.


1 comentario:

  1. Una ruta muy recomendable para los meses de verano, con una vegetación preciosa, como de cuento.

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