domingo, 25 de marzo de 2012

Marchando una de Carbonato cálcico!!

Concluida casi oficialmente la temporada de nieve en nuestra última visita a tierras leonesas, no podíamos quedarnos con los brazos cruzados añorando tiempos pasados, así que este fin de semana nos pusimos manos a la obra para inaugurar casi oficialmente (algunos ya nos adelantamos hace un par de semanas) la temporada de escalada.

Como dicen que en la variedad está el gusto, en esta ocasión, Maranta, Dani y un servidor decidimos abandonar nuestras habituales tendencias pedriceras y aventurarnos en la zona del Vellón asesorados por Taber y David, dos consumados conocedores de este peculiar mundillo de la caliza, el desplome y los agarres como cazos.

Tras unos primeros momentos de desconcierto al comprobar que nuestro concepto de verticalidad andaba un poco atrofiado, comenzamos a adaptarnos a una nueva y fascinante forma de soltar adrenalina, para la que es necesario reformular una serie de ideas que ya dábamos por verdades absolutas:

1. Los brazos en escalada sirven para algo más que para alzarlos al cielo dando gracias al patrón de la goma cocida.

2. El término "garbanzo" no existe o mejor dicho, no sirve para nada. Aquí se llaman presas y se alcanzan estirándose mucho, no acariciando la roca hasta sacarle brillo. Del mismo modo, una fisura no merece tal nombre si no te cabe la mano hasta el reloj. Cuestión de matices....

3. Taber y David aseguran que para escalar aquí no hace falta fuerza; que es todo cuestión de técnica. Yo no digo que no pero, miraras donde miraras, no veías más que un montón de señores y señoras cuadrados soltando unos gritos que..., ¡¡ni en la consulta de un dentista!!

En definitiva: mucho cansancio, mucho miedito y mucha diversión. Al final, con más o menos dignidad (lo digo por los tres no iniciados) terminamos por sacar seis vías que iban del IV+ al 6a en los sectores de las Placas y los Bloques.

- Chapas tri roc, V+
- Diedro patatín patatán, IV+
- El misterio de las zapatillas de Gaspar, V
- Mi pequeña dama, V+
- Sigurney, 6a
- Chino, 6a

Como premio a tanto esfuerzo, Taber nos obsequió con una pequeña tourné por los grifos de cerveza más recomendables de Pedrezuela.

jueves, 22 de marzo de 2012

Cómo perderse con dos GPS y encontrarse con una sonrisa. Puente de San José 2012

El viernes 16 de marzo, con un fin de invierno casi veraniego amenazando nuestra salud mental, Inma, Maranta, Eva, Táber, Marcos, Pablo y el que suscribe pusimos rumbo a Maraña, cerca del embalse de Riaño.

Los del último turno llegamos al filo de las 11 de la noche cerrada, tras perdernos a pocos kilómetros de la “cumbre” (el albergue) al tropezar con esa piedra llamada dar-por-supuesto-que-estaría-indicado-desde-la-carretera-principal.

De 21-mm-2012, Maraña Taber

Al menos fuimos recibidos por los primeros con una selecta selección de cervezas selectas. Completamos la cena con embutidos, empanadas, tarta de chocolate casera y una gran variedad de ensaladas: ensalada de atún “Italiana” del AhorraMás, ensalada de atún “Mediterránea” del Día, ensalada de atún “California” (pronúnciese “caulifounia”) del Mercadona...

Se ha de destacar la excelente relación calidad-precio del albergue regentado por una mujer encantadora llamada Natacha. Un alojamiento amplio e impoluto, acogedor y caliente. Y justo a pie de ruta.

Antes de acostarnos y para reforzar el sentimiento grupal, Táber propuso dos juegos: En uno había que batirse en duelo por un trozo de madera y en otro la gracia estaba en desconfiar y sabotear.

De 21-mm-2012, Maraña Taber

A la mañana siguiente, tras los habituales desajustes de los diversos ritmos oníricos (traducción: Eva sigue sin entender por qué puñetas me levanto 2 horas antes), desayunamos y nos preparamos con la intención de coronar Cruz de Mampodre y Polinosa. Insisto, “con la intención”.

La nieve tenía una firmeza aceptable para las gratas temperaturas de esos días pero una niebla espesa asfixiaba los 300 últimos metros de la cumbres.
No pasa nada, para eso están los GPS...”estoooo, el mío no reconoce los tracs, ¿y el tuyo, Marcos?” “pueeeees, no, Pablo, las referencias que me pasaste tampoco funcionan en el mío” “No pasa nada. Daniel, pásame el mapa” “Aquí lo tienes, Táber. Pero ten en cuenta que la cresta está repartida en dos mapas y de distinta edición”.

De 21-mm-2012, Maraña Taber

Con estas premisas, iniciamos la subida a la cresta por un fuerte desnivel.
A ritmo variable y técnicas combinadas (es decir, como cada cual buenamente pudo) ganamos altura.

La actitud de Inma, con botas blandas y poca experiencia, fue admirable. Los que, hasta hace muy poco, nos encontrábamos en esa situación, lo valoramos especialmente. Y la mujer ni siquiera mencionó madres en las clásicas “paradas del cabrón”.

De 21-mm-2012, Maraña Taber

Ya en la cresta, con una visibilidad de menos de 100 metros, nos esperaban diversas densidades de nieve, “dry tooling”, hundimientos variados, cambios de vertiente, trepadas surtidas, descensos nunca descartables, ventiscas heladas...Y lo mejor: repaso de conocimientos básicos de orientación en braille.

De 21-mm-2012, Maraña Taber

Panorámicas...pocas. Gracias a ello, nos pudimos reír en cada paso nevado de medio metro de anchura. Porque, como dijo alguno, habría que ver nuestras caritas si la climatología nos hubiera permitido apreciar el patio.

De 21-mm-2012, Maraña Taber

Y fue el sentido del humor y la serenidad de todos, lo que permitió que Pablo y Táber lograran encontrar el modo de salir de esta situación especialmente peligrosa. Ni jodida, ni comprometida. Peligrosa.

Una vez alcanzamos la base de los riscos, gozamos del resto del descenso aprovechando los toboganes del nieve blanda. ¡Un pastón en material técnico para terminar como unos vulgares plastiqueros!

De 21-mm-2012, Maraña Taber

Con la tranquilidad de estar ya en la falda de la montaña y con una mínima ventana de buen tiempo, los guías del grupo resumieron lo ocurrido: En vez de alcanzar la Cruz de Mampodre y su hermana la Polinosa, estuvimos dando vueltas norte-sur por la arista del Pico Mediodía.

No obstante, los GPS nos dieron una pequeña satisfacción: Confirmaron que el desnivel y la distancia salvados fueron equivalentes a lo programado.
Además, volvimos todos enteros. Así que... ¡cumbre!

Ya en pantuflas y calentitos, nos sobrevino todo el agotamiento sabiamente reprimido. Estábamos cansados, como 24 horas antes, pero era algo más limpio, más sano. ”Distinto”, atinó Pablo.
Juegos de mesa y una cristalina bóveda celeste antes de acostarnos.

De 21-mm-2012, Maraña Taber

El domingo por la mañana, con los biorritmos más ajustados (traducción: cuando volví de la ducha nadie dormía ya), disfrutamos de una bonita estampa suavemente nevada. Por ello, Natacha, nos advirtió que no era día para el Gilbo. Así que enfilamos los coches directos al Gilbo.

Dejamos los vehículos en Horcadas y empezamos a subir por un tranquilo PR. Con las indicaciones impresas de internet por Marcos y con la compañía de dos tipos muy majos tomamos el desvío hasta la cresta. Ahí entendimos la advertencia de la casera, porque la caliza con aguanieve combina mal. Inma, Marcos y un servidor, por saturación, lesión o canguelo, nos dimos media vuelta.

De 21-mm-2012, Maraña Taber

Alcanzada la cumbre por el resto del grupo y durante un fugaz espacio de buen tiempo, se produjo un acontecimiento estético-cultural que Eva y Táber tuvieron la sensibilidad y el acierto de captar con sus cámaras: Las poses de Pablo celebrando la cima.

De picos europa 2012

El testimonio gráfico ahí recogido ocupará un puesto preferente en los libros de Historia del Arte, junto al Doríforo de Policleto, el Apoxiomeno de Lisipo o el Hermes de Praxíteles.

De vuelta al pueblo, las caras de los vencedores eran pura satisfacción.
Táber hasta tuvo el detalle de regalarme un pañuelo naranja para que se me pasara la envidia (léase: enviiiiiidiiiia).

De picos europa 2012

Con el tiempo justo para comer, optamos por el único restaurante del pueblo. Bendita improvisación: Sopa de fideos, garbanzos, albóndigas y postres (el flan denso que gorroneé era supremo)... todo ello elaborado con la dedicación de una abuela.

De 21-mm-2012, Maraña Taber

Después, nos dirigimos a León. A partir de ese momento estábamos en manos de Marcos. Tela marinera.
Nos presentó a Vero, que como producto riojano que es, no dejó de sorprendernos por su calidad y perdurabilidad al paladar.
Repartidos entre las casas de ambos, visitamos el Barrio Húmedo. Primero unas cañas y vinos con sus tapas: sopa de ajo, suave queso azul Verdellón, jamón y picadillo con huevo.
Luego a cenar: ensalada no envasada (gracias, Inma, por pedir algo verde), lengua embuchada exquisitamente preparada, crema de morcilla, jamón asado con queso fundido y buey a la plancha (finalmente, hubo que renunciar a las mollejas...¡snif, snif!) Más vinos, más chupitos y a las dos de la madrugada… ¡empieza la fiesta!

De picos europa 2012

No hubo esquina donde Marcos y Vero no se pararan a saludar a alguien. No habíamos visto a este chico más pletórico en la vida. Ahí, a las 3 de la madrugada con una helada "leonina". La mayoría logró seguir su ritmo. En cuanto a los detalles de esa noche…no os los puedo contar, simplemente porque me dormí de pie.

Al día siguiente, (bueno, ese mismo día pero con el sol en lo alto), nos despedimos de los mejores anfitriones y volvimos a Madrid.
Como siempre, en nuestras últimas conversaciones, los temas de siempre: Rutas, comida y sobre todo ¿DÓNDE ESTÁN LOS DEMÁS?

Un saludo.



martes, 13 de marzo de 2012

Una ruta primaveral por Siete Picos

Sin duda, estos días estamos teniendo un tiempo excepcionalmente bueno para las fechas que son. Por una parte nos resignamos ante la acelerada desaparición de las escasas reservas de nieve que aún quedan, pero por otra este ambiente primaveral nos invita a salir a la sierra a disfrutar del aire libre.

Hacía ya bastante que no nos juntábamos tantos para hacer una ruta, pero el buen tiempo, la reincorporación de Jesús tras superar sus dolencias de espalda, la presencia de nuevos amigos y el nombre "Por ahí va a subir quien yo te diga" de la ruta propuesta fueron suficiente reclamo. Así pues, allá que fuimos al apeadero de Camorritos Pablo, Jesús, Eva, Marcos, Jose, Maranta y un servidor, así como Mateo, Fernando y Marcial que no se sintieron intimidados por el nombre de la ruta y se arriesgaron a probar suerte y debutar con nosotros...

Como buen domingo que era, no obligamos el madrugón y empezamos la ruta sin prisas pasadas las 10 de la mañana con intención de subir a Siete Picos por la Senda Herreros. Lo que muy pocos sabían era que estaba previsto tomar una variante aún más divertida que la propia Senda por uno de los corredores de la ladera sur (uno que lleva directamente entre los picos primero y segundo contando desde el Puerto de Navacerrada, variante que, dicho sea de paso, improvisamos Jesús y yo unos meses atrás cuando salimos de ruta con dos amigos, gustosos ellos de rutas tranquilas y sin sobresaltos, y fueron éstos los que bautizaron la ruta con tan singular y apropiado nombre una vez que, sin saber cómo, consiguieron completarla con éxito tras pasar algún que otro apuro...).

Ya en el desvío tras dejar la Senda Herreros no nos quisimos privar de nada y disfrutamos de lo lindo trepando por las rocas, atravesando espesos matorrales espinosos, progresando como las cabras por empinadas pedreras e incluso también pisando algo de barro y nieve cuando se presentaba la ocasión. Hay que señalar que los nuevos se portaron como jabatos y que a pesar de los reniegos, maldiciones y juramentos reconocieron que, arañazos y magulladuras aparte, se lo habían pasado genial (o al menos eso nos dijeron y buena señal es que no hubo ningún linchamiento después...).

Una vez en la cuerda de Siete Picos hicimos una paradita para contemplar las vistas y tomar un breve refrigerio. Al poco proseguimos por la cuerda en dirección al Collado Ventoso. Cabe decir que tuvimos que ir con mucho cuidado pues encontramos bastante hielo y nieve en las umbrías que dan al norte. Pero bueno, poco a poco fuimos avanzando por la cuerda sin mayores problemas y pasamos un buen rato con la nieve que encontramos entre los pinos bajando hacia el collado.

Antes de llegar al collado tomamos una variante que lleva al pico de Majalasna. Allí subimos y nos quedamos un buen rato aprovechando para comer, charlar y tumbarnos un rato al sol como los lagartos. De ahí bajamos directamente a la pradera en la que habíamos estado por la mañana para volver a Camorritos. Finalmente acabamos en Cercedilla donde seguimos charlando mientras nos agasajábamos con una merecida rehidratación tras tan deliciosa jornada.

Un xaludote

lunes, 27 de febrero de 2012

Cabeza Nevada desde La Plataforma

Después de no poder ir a Pirineos en el puente de diciembre, Almu y un servidor nos acercamos a Gredos a pasar unos cuantos días y pisar un poco de nieve.

Nos alojamos en una casa rural en el pueblo de Barajas, desde la cual llegábamos a la plataforma casi sin darnos cuenta.

El día 4, después de que el día anterior en la casa del parque nos dijeran que el Almanzor estaba peligroso por el hielo, decidimos subir al Cabeza Nevada desde la Plataforma.

De Cabeza Nevada desde La Plataforma


Nos encontramos bastante nieve, y empezamos a andar con una buena temperatura, que nos hizo parar alguna que otra vez a quitarnos la ropa sobrante. En la parte inicial nos encontramos con algún que otro esquiador que ponían rumbo al Morezón.

De Cabeza Nevada desde La Plataforma


Al llegar a los Barrerones, vimos que la parte final del Cabeza Nevada estaba bastante pelada de nieve, pero aún así, el circo nos pareció espectacular, como siempre que nos acercamos por estos lugares.

De Cabeza Nevada desde La Plataforma


Iniciamos la bajada hacia el desagüe de la laguna para seguir la trocha real en dirección a la Portilla del Rey. Unas cuantas subidas y bajadas de por medio, llegamos hasta el inicio del Gargartón.

De Cabeza Nevada desde La Plataforma


A partir de este punto, según subíamos, iba desapareciendo la nieve. A mitad de camino de la subida hacía la Portilla del Rey, nos desviamos a la derecha siguiendo unos hitos. Al mirar el reloj nos dimos cuenta de que íbamos justos de tiempo para volver al coche antes de que anocheciera. Así que decidimos comer y darnos la vuelta.

De Cabeza Nevada desde La Plataforma



En resumen, una ruta muy disfrutona por el buen tiempo reinante y por las vistas. Todo lo contrario de lo que nos encontraríamos al día siguiente subiendo a La Mira.


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domingo, 19 de febrero de 2012

Por la cuerda del Mondalindo

De Mondalindo

Después de unas cuantas salidas a la nieve con temperaturas polares, ya iba haciendo falta, para variar, alguna rutilla fácil, relajada, en seco y soleada. Por supuesto, una cosa son los deseos y otra muy distinta nuestras rutas...

Pese a que algunos mirábamos de reojo la nieve que todavía se acumula en las partes altas de la sierra, el sábado 18 decidimos encaminarnos hacia la parte baja del valle del Lozoya en busca de una pateada que respondiera a nuestras nuevas necesidades. En esta ocasión el elegido fue el Mondalindo que, pese a ser una de las cumbres más pisadas de la sierra, no lo es tanto para el grupo, que apenas se ha acercado un par de veces por la zona.

De 134_1802

Pero todo no puede ser, así que, si ya teníamos una ruta sin nieve, soleada y con poco desnivel, algo había que hacer para que la cosa no se quedara en una "fácil ruta mañanera". Y lo único que se nos ocurrió para animar la cosa, fue hacer bulto metiéndole unos cuantos kilómetros de más.

Con tan sana intención, nos juntamos Maranta, Manu, Jóse, Dani y un servidor. En esta ocasión disfrutamos también de la compañía de David - si, otro David más en el grupo -, compañero de Dani con el que, por supuesto, contamos para nuestras futuras ocurrencias.

De 134_1802

A las nueve y media partimos de Garganta de los Montes en dirección a la Ermita de Nuestra Señora de los Prados por una cómoda pista que va ganando altura entre pinares hacia la cuerda del Reajo y Peña Negra. La idea era subir directamente al collado del Mondalindo pero, algún despiste que otro nos hizo salir a la altura del Reajo, lo que contribuyó definitivamente a hacer la ruta todo lo larga que ¡¡estábamos deseando!!

De 134_1802

Siguiendo la cuerda alcanzamos Peña Negra, desde donde pudimos comenzar a disfrutar de las vistas de las cumbres nevadas de Peñalara, Montes Carpetanos e incluso el Pico del lobo. Después de cruzarnos con algún motorista que otro haciendo el cafre por la zona, por fin alcanzamos el vértice del Mondalindo, acompañados por una numerosa excursión de las que habitualmente ascienden desde Bustarviejo.
Tras un par de avísos estomacales, decidimos estirar un poco el repostaje hasta Collado Abierto, donde encontramos unas soleadas praderas donde dar buena cuenta del bocata.

De 134_1802

Una vez repuestos, enfilamos la bajada por el Arroyo de Matayana buscando las trazas del sendero que llega a Canencia. Entre matojos y charcos, decidimos hacer un pequeño desvío para ahorrar algo de tiempo y que, sin quererlo, nos permitió disfrutar de unas impresionantes placas de hielo, testimonio de la que debe haber caído por la zona en los últimos días.

Con las piernas pidiendo tregua, ya solo nos quedaba remontar el collado de Peña Gorda desde Canencia para bajar, entre robledales, a Garganta de los Montes, donde literalmente SUCCIONAMOS unas cervecitas antes de poner rumbo a Madrid.

Nos vemos en la próxima!!!

lunes, 13 de febrero de 2012

Una de raquetas, sin raquetas

Dicen por ahí que nunca te acostarás sin saber una cosa más. Bien, pues en esta ocasión, nuestra última ruta nos ha servido para aprender unas cuantas cosas:

Primera lección del día: las raquetas, pese a sus bonitas formas y colores, sirven para algo más que para decorar el maletero del coche, cosa que estaría muy bien si no fuera porque, creo recordar, que no es la primera vez que nos pasa.
A este respecto, aquí os dejo un interesante tutorial inspirado en aquellas inestimables enseñanzas de nuestro amigo Coco, de Barrio Sésamo. A ver si así nos aclaramos...

De Tubo central Cabezas


De Tubo central Cabezas


Segunda lección: siempre hay alguien que madruga más que tú.

Continuando con lo que nos ocupa, el caso es que nuestra primera intención era hacer una especie de remix de raquetas y corredores por la zona de Peñalara pero, entre que algunos nos dejamos las raquetas en el armario, y que un leve fallo de coordinación nos hizo llegar tarde a Cotos, no hubo más remedio que improvisar sobre la marcha.

Superado el sofocón de encontrarnos con medio Madrid intentando aparcar en un palmo de de terreno, nos encaminamos al parquin de Valdesquí, desde donde partimos Eva, Taber, Dani y un servidor hacia nuestro nuevo objetivo: el tubo central de Cabezas de Hierro.

Tras un primer tramo de camino bien pateado y cómodo, decidimos hacer nuestro tradicional campo a través para evitar la bajada hasta el arroyo de Peña Mala. Efectivamente nos ahorramos bajar al arroyo pero, a cambio, nos metimos en el primer berenjenal del día, que superamos al borde del soponcio mientras nos turnábamos abriendo huella.

De Tubo central Cabezas


Tercera lección del día:
aunque parezca imposible, en Madrid se puede pasar más frio que en Gredos en plena ola siberiana.

Una vez alcanzamos la parte alta del arroyo, nos cruzamos con lo que de lejos nos pareció una procesión de Semana Santa, y que resulto ser una multitud a la que, por lo visto, se les había ocurrido lo mismo que a noostros. Así, mezclados entre el tumulto y tiritando de frío, conseguimos calzarnos los crampones y salir disparados para arriba a fin de evitar un más que probable embotellamiento en la entrada del tubo.

De Tubo central Cabezas


Cuarta lección del día: cuando Dani hace cosas raras con los brazos mientras grita a pleno pulmón, no es por vicio, es que algo pasa.

De aquí en adelante, más hielo que nieve y mucho, mucho frío que apenas nos dejó parar a contemplar las vistas. Hasta que un zurullo, - Sí, habéis leído bien: un "ZURULLO" - nos obligo a parar en seco por razones de fuerza mayor.

A punto de salir del tubo, vemos a Dani agitando los brazos como un poseso, actitud que interpretamos como muestras de desaforada alegría por haber alcanzado el solecito o por lo superlativo del paisaje. Nada más lejos de la realidad. Al llegar a su altura, descubrimos el verdadero motivo: allí, a escasos dos metros del camino pudimos observar la heroica actitud de un individuo que, acuclillado y con los pantalones bajados, hacía denodados esfuerzos por plantar un pino sin morir en el intento.
Con este panorama, no nos quedó más remedio que hacer caso a Dani y girar en redondo a contemplar el paisaje como si nada. Lo que no sabía aquel valiente es que detrás nuestro iban a desfilar ante sus narices los veinte procesionarios que nos pisaban los talones.

Intentando borrar tan peculiar imagen de nuestras mentes, alcanzamos el vértice de Cabezas, donde pasamos el tiempo justo para deleitarnos con el caldito que nos trajo Dani (Dios te bendiga, compañero) y continuar la jornada.

De Tubo central Cabezas



Última lección: no se te ocurra presentarte en una estación de esquí con los crampones puestos, a no ser que quieras parecer el tonto del pueblo.

De aquí en adelante ya solo quedaba continuar aguantando el viento gélido hasta Valdemartín. Por último enfilamos la bajada a Valdesquí entre el cachondeillo por los morrazos que nos íbamos pegando y ante el asombro de los usuarios del telesilla, que no terminaban de entender que hacían cuatro extraños personajes rodando ladera abajo pudiendo disfrutar de tan moderno artilugio.

Con respecto a las cervezas del final no hay nada nuevo que aprender. Siguen sentando de maravilla, más aun con tan buena compañía.


martes, 7 de febrero de 2012

Gredos 4-5 de febrero: Los verdaderos objetivos y un arco iris

Entre tanta cima, tanto GPS y no sé cuántos desniveles, a veces llegamos a olvidar los verdaderos objetivos de las rutas. Este fin de semana en Gredos los recordamos.

Con unas previsiones de nubes y claros pero con un visitante siberiano de “no salgan de casa ni locos”, Maranta “la lianta”  (que reservó el refugio la semana anterior), Táber, Pablo, Paco y un servidor nos plantamos en la plataforma de Gredos antes de las 10 am del sábado. La nieve circundante a la carretera era la justita pero al salir del coche nos quedó claro lo que nos esperaba: Frío, mucho frío.

En los primeros metros de suave subida sorteamos los placones de hielo de siempre – sin problemas, son como de la familia – pero, pasado el puente de cemento, se apuntó a la ruta un “acoplado coñazo que nunca ve la hora de marcharse”: El viento. Una guillotina de brutal corte seco.

De Ola de frío en Gredos


El aliento y la mucosidad se nos congelaban en los cuellos polares y las bufandas (iba a poner que se nos helaron los fluidos en las bragas pero se podría malinterpretar).
A mitad de subida nos pusimos los crampones… para quitárnoslos al poco de superar Los Barrerones. Piedras con fina capa de nieve pateada.

Más viento helado.

Atravesamos la laguna con cuidado de no salirnos de la huella, para llegar al refugio Elola.

De Ola de frío en Gredos


Ahí nos encontramos con uno de mis profesores de TodoVertical, Álvaro, que nos confirmó lo que ya intuíamos: Pese a la momentánea ventanita en el cielo, el Almanzor debía esperar… Esperar a Jesús, a Manu, a Marcos, a Eva, a Jose, a Almu y a tantos otros.

Liberamos peso en las taquillas y con un par de mochilas, cuerdas y estacas tiramos hacia el collado del Casquerazo por la canal más directa. Nuestros límites eran el tiempo y el medio metro de nieve sin consolidar de la primera mitad de la ascensión.

Afortunadamente, a medida que aumentaba la pendiente también lo hacía la firmeza del piso. Eso nos permitió llegar arriba a las 4 y pico, no sin antes perder a Táber en los últimos riscos (“uy, el nuevo... ¿cómo se llamaba?, parecía buen chaval”).

De Ola de frío en Gredos

El mismo viento bestial de la antecima que nos despejó el cielo de nubes para disfrutar de las vistas, nos echaba de su territorio a patadas. Tras unos cien metros en mixto por la cresta, alcanzamos la parte del collado más amplia para iniciar el regreso por una pendiente un poco menos dura.

Y ahí coincidimos todos en lo necesario que es practicar todas las técnicas – avance, encordado, aseguramiento, etc. – en condiciones ideales, para tenerlas absolutamente automatizadas en situaciones de viento, frío, cansancio y nervios.

De Ola de frío en Gredos

Y así fue porque Maranta se acojonó (como yo lo hubiera hecho hace muy poco) ante una pendiente helada de las que había superado docenas de veces antes y Táber, con sobrada experiencia en escalada, tardó diez minutos eternos en asegurarla en ensamble y hacerse un burruño con la cuerda restante.

Ya en terreno más suave nos reímos, nos relajamos... y alguno que otro se metió en un nevero hasta la cadera.

De Ola de frío en Gredos


En el refugio nos recordaron que los aseos estaban atorados por el hielo. En esas circunstancias el pudor personal deja paso la comprensión general.
Con esfuerzo, los guardas habilitaron una solución intermedia: unos cubos con agua.
También tuvieron la cortesía de permitir el acceso con botas. Algo excepcional por una climatología excepcional.

Y Paco, ¿qué pasó con las intenciones de Paco de pernoctar al raso? Pues que como estaba cubierto y no había Luna ni estrellas que contemplar, se le quitaron las ganas de dormir con máximas de -10 ºC (sensación térmica aparte).

De Ola de frío en Gredos


Cena a las 8 pm. Sopa de pasta, lomo de cerdo con champiñón y ensalada, y espuma de chocolate con barquillo. Todo ello regado con la compañía de una pareja muy maja.
A las 10 catre. Literas superiores. Ronquidos al margen (no fue especialmente trágico), los que optaron por colocar la cabeza hacia la pared notaron humedad e incluso goteras.
Táber dijo (con sorna) sentirse aliviado por haber traído el saco de verano, pero yo dormí bastante bien con saco fino y ropa ligera.

Tras los cirios para cambiarnos, asearnos y ponernos las lentillas, a las 8 desayunamos y a las 9 y pico arrancamos rumbo a la plataforma con intención de pasar antes por el Morezón.
El cielo estaba cubierto, la temperatura era un pelín menos baja pero el viento seguía siendo canalla.

De Ola de frío en Gredos

Pasada la laguna, iniciamos la subida. Pero a los pocos metros se juntaron varios condicionantes. Principalmente, la exigencia del terreno y la incertidumbre del porvenir en los tramos superiores a lo que se unió la rotura de un crampón de Paco (justo en el mismo lugar que la temporada pasada, por cierto).

Ante todo ello, Pablo y Táber, antepusieron el sentido común a sus ganas y propusieron volver por donde siempre.
Pablo se emocionó recordando su anterior subida a destajo con Jesús. Hasta se le escapó una lagrimilla... ¡ah, no, que era un moco!

De Ola de frío en Gredos

Antes de llegar a los Barrerones, en plena niebla, un hombre que bajaba hacia la laguna me pidió seguirnos para volver a la plataforma. Venía con un grupo de cincuenta y la madre, de los que solo conocía (?) a tres o cuatro y en cuanto se paró un momento lo dejaron atrás. Sin comentarios.

Entre los últimos domingueros con playeras y katiuskas, todavía cubiertos por la ventisca, convenimos cuáles eran los verdaderos objetivos de esta ruta y de las demás: Ir, volver y, pase lo que pase, disfrutarlo.

De Ola de frío en Gredos

Recuperación de nutrientes en “La Bodeguilla” de Hoyos del Espino. Cerveza fría y hamburguesa con huevo y patatas que se salían del plato que, gracias a las nuevas tecnologías, tuvimos el placer de compartir con Eva... (Pablo, que le envió una foto con mucho recochineo).

De vuelta a casa, la meteorología reconoció nuestro honor como valientes rivales en la noble batalla y nos despidió con un inmenso arco iris.

Prometemos seguir luchando. ¿Quién se anima? ¡Maldita sea, no os oigo!: ¡QUIÉN SE ANIMA!