domingo, 26 de septiembre de 2010

Gran Galayo por la Canal Reseca

Desde nuestras primeras visitas a la cara sur de Grédos, esta era una ruta que siempre habíamos pensado en hacer pero que solo mirarla en el mapa nos hacía buscar excusas que retrasaran la visita para mejor ocasión. Pero fue a raíz de nuestra reciente ruta al puerto del Peón cuando pudimos babear a gusto contemplando en directo lo que a primera vista parecía un auténtico muro en el que dar rienda suelta a nuestras más calenturientas fantasías montañeras. A partir de ahí no hubo manera de quitarnos de la cabeza una próxima visita en cuanto los calores del verano dieran la más mínima tregua.
Y por fin llego el día. No sin un poco de mala conciencia por dejarnos en casa a Manu y Paco (ocupados en esta ocasión en asuntos menos "elevados"), aprovechamos el buen pronóstico de tiempo y nos juntamos Jesús, José "Texas Ranger", David (que estrenaba primera ruta con el grupo) y un servidor para disfrutar de un intenso día de montaña.
Comenzamos la ruta en la plataforma de Mingo Fernando a eso de las 10:15 enfilando directamente y a buen ritmo por el camino que sube hasta el puesto del Tío Pio. Desde ahí, siguiendo los numerosos hitos que encontramos tras el puesto, continuamos por el lado derecho del Arroyo del Pinarejo hacia la base de la canal Reseca, objetivo estrella del día.



Una vez en la entrada de la canal pudimos observar el descomunal tamaño del bloque empotrado que la tapona y que pese a su imponente aspecto, se bordea con facilidad por el lado izquierdo.



Ya metidos en faena, nos encontramos con un interminable pedregal que en su parte central se pone especialmente empinado y que hace que las piernas se calienten como ascuas a poco que le pongas algo de empeño. Aunque a parte del sofocón que supone subirla, no tiene ninguna dificultad técnica, si que es conveniente tener mucho cuidado con cualquier roca suelta si no se quiere transformar la canal en una auténtica bolera. Y digo con cualquiera porque incluso las más grandes se vienen abajo con solo mirarlas.



Por lo demás, las vistas son espectaculares durante toda la subida y la sensación de ser un piojo entre gigantes hace que el esfuerzo merezca la pena. Esta sensación no hace más que aumentar cuando se alcanza el Portillo del Gran Galayo, desde el que pudimos ver como una cordada alcanzaba la cima de la Torre y una estupenda perspectiva de la Apretura. Desde aquí ya solo quedaba la trepada normal al Gran Galayo, donde una molesta nube nos privó de aun mejores vistas de las disfrutadas hasta entonces.



Después de un breve piscolabis en el portillo, enfilamos la Trocha Palomo que, en un corto y entretenido sube y baja, rodea el Gran Galayo y te deja en la portilla falsa.
Como no podía ser de otra forma, y aunque las piernas ya no daban para muchas alegrías, una vez que alcanzamos la altura del refugio Arenas decidimos añadir un extra visitando por enésima vez la cima de la Mira. Allí, aparte de coincidir con el grueso de los excursionistas de la zona y disfrutar a lo lejos de las vistas del Circo de Gredos, nos entretuvimos observando un rebaño de cabras pedigüeñas dispuestas a vender su alma por cualquier cosa comestible o incomestible que les lanzaran.


Ya sin cuerpo para más extras enfilamos la interminable bajada que, pasando por la Tarayuela, nos condujo hacia el puerto del Peón y, por el camino normal, de vuelta a la plataforma de Mingo Fernando con toda nuestra concentración puesta en las cervezas que nos esperaban en Arenas de San Pedro.




lunes, 6 de septiembre de 2010

Ascensión a la Torre de Llambrión


Durante este primer fin de semana de septiembre hemos visitado tierras leonesas para culminar con éxito la segunda cima más alta de los Picos de Europa: la Torre de Llambrión, en el macizo central de los Picos de Europa. Llevaba pendiente mucho tiempo, pero la espera ha merecido la pena porque ha resultado un fin de semana de los que hacen historia, con una climatología excepcional y donde, una vez más, los impresionantes paisajes agrestes y calizos característicos de estos parajes han superado con creces nuestras mejores espectativas.

Todo empezó el viernes por la tarde, conforme cada cual iba cumpliendo con sus obligaciones laborales y se reunía con sus compañeros de viaje en los puntos de salida acordados (Pablo, Marcos y Eva por un lado abriendo la marcha y David, Irene y Manu y Jose, Jesús y yo por otro unos cuantos Km más atrás). Así, unos antes y otros después, nos dirigimos a León para pasar allí la noche. Marcos, nuestro anfitrión, nos llevó de visita al 'barrio húmedo' donde pudimos degustar los buenos productos de la tierra: cecina, lengua curada, buey, lomo con queso..., todo delicioso.

A la mañana siguiente partimos bien temprano --un tanto escasos de sueño, he de añadir-- en dirección al pueblo de Cordiñanes, en el valle del Cares, donde comenzaba nuestra ruta. Cuando llegamos pudimos contemplar asombrados y con los ojos desorbitados lo que parecía un impenetrable paredón de caliza por donde supuestamente iba el camino que teníamos que seguir (sin duda aquí a unos cuantos se nos quitó el sueño de golpe). Prometía ser una subida entretenida y muy, muy exigente, con unas rampas muy majas para tonificar las piernas... Bien, a eso habíamos venido y ya sabíamos que no era precisamente un paseíllo por el prado, así que nos calzamos las botas, nos equipamos bien y todos juntos comenzamos a subir (ya desde el mismísimo comienzo el camino picaba para arriba cosa mala). Justo saliendo del pueblo nos encontramos con un cartel informativo donde se describía con todo lujo de detalles la ruta hasta el refugio de Diego Mella, en el collado Jermoso, con avisos en vivos colores señalando la "extrema dificultad" de la ruta. Vamos, que no era precisamente un camino para principiantes... Algunos comentarios jocosos, risas nerviosas y en marcha otra vez, ahora ya en serio.

Después de unas pocas zetas de subida intensa, el camino torció a la izquierda y empezó a ladear la pared rocosa siguiendo un saliente, poniéndose de lo más interesante, con unas vistas sensacionales del pueblo (que ya se veía bastante abajo para lo poco que llevábamos) y del valle del Cares en su camino hacia el norte. Seguidamente enfilamos hacia la canal de Asotín y llegamos a un pequeño hayedo muy bonito. Aquí David e Irene decidieron seguir tranquilamente a su propio ritmo y ya nos juntaríamos todos en el refugio. El resto seguimos subiendo por el hayedo, que pronto quedó atrás, y por el resto de la canal de Asotín --con unas magníficas vistas a nuestra espalda del macizo occidental, coronado por el Peña Santa-- hasta una praderita que hay a los pies de Torre de Friero. Aquí torcimos a la izquierda rodeando el pico de Asotín hacia el collado Solano, pero un rápido vistazo a nuestra derecha enseguida nos llevó a Pablo, Jesús y a mi a tomar un interesante camino alternativo que discurría por una pedrera en fuerte pendiente en un callejón flanqueado de unos tremendos paredones calizos casi verticales (paso conocido como canal Honda). Resultó un atajo de lo más estimulante y entretenido (y además a la sombra, lo cual era de agradecer en el día tan bueno de sol que estaba haciendo).

Reunidos de nuevo con los que venían del collado Solano, seguimos hacia adelante subiendo, siempre subiendo más y más, esperando encontrarnos pronto con el refugio tras el siguiente remonte. Sí, era verdad que el refugio estaba "ahí al lado", pero en su lugar va y nos encontramos antes con la madre de todas las subidas esperándonos con los brazos abiertos... ("Rayos, ¿pero qué...?, ¿todavía queda todo esooooo? Nada, nada, vamos p'arriba, que'l que algo quiere..."). En fin, que unas cuantas sudadas, resuellos y rezongos después, ya por fín, ahora sí que sí, llegamos al ansiado refugio. (Puuuuufffff).

Después de aligerar equipaje en el refugio, comer un poco y rellenar nuestras cantimploras, proseguimos la ascensión hacia la Torre de Llambrión. En una subida tan intensa como espectacular, con unas vistas increíbles de Torre de Friero y el camino que lleva a la Vega de Liordes, fuimos poco a poco, rampa a rampa (todas con muchas zetas), paso a paso, acercándonos pacientemente a nuestro objetivo hasta llegar a la misma base del pico. En este punto tomamos una canal ascendente con numerosos tramos de trepada fácil, pero extremando las precauciones debido a la alta pendiente y la gran cantidad de piedras sueltas que había. Afortunadamente a esas horas ya no había nadie más en los alrededores, salvo una pareja que nos cruzamos cuando bajaban y que pronto se perdió de vista. Y así fuimos canal arriba casi todo el rato a gatas hasta que llegamos a un paso algo más delicado de trepada, punto en el que Jesús y yo decidimos darnos la vuelta por considerar que podríamos tener dificultades serias en ese tramo en la bajada. El resto lo salvó sin dificultad y siguió adelante, cada vez más cerca de la esquiva cima pero sin terminar de llegar.

Casi inmediatamente, Jesús y yo iniciamos el descenso pensando en esperar mejor a los demás abajo, pues consideramos que con tanta roca suelta, cuanta menos gente bajara junta, menor el riesgo de tirar piedras involuntariamente y que alguien se haga daño (y doy fé y Jesús puede atestiguar que tiré sin quierer una bien gorda que se fue rebotando canal abajo provocando un revuelo tremendo, afortunadamente sin lamentar mal alguno). Desde allí en la base del pico, en el hoyo de Llambrión nos preparamos para contemplar con ayuda de unos prismáticos el progreso de los compañeros durante su regreso de la cima.

Al poco de sentarnos apareció Jose en solitario, que ya iba muy fatigado y decidió con acierto darse la vuelta antes de que sus problemas musculares fueran a más y le dificultaran el ya de por sí delicado descenso en condiciones normales. Por muy cerca de la cima que se esté, hay que tener cabeza y saber retirarse a tiempo para volver otro día antes que arriesgarse innecesariamente y sufrir un accidente fatal, que la montaña no perdona errores y menos aún los Picos de Europa. Un rato más tarde aparecieron también Pablo, Eva, Manu y Marcos de vuelta tras haber culminando con éxito la cima del Llambrión (no sin pasar algunas dificultades para encontrarla, según nos contaron después).

Ya todos juntos en lugar seguro y a salvo (quitando los pobres pantalones de Jose, que sufrieron un maltrato mayor del que podían soportar y así acabaron...), nos volvimos al refugio donde nos aguardaban David e Irene y unas refrescantes y bien merecidas jarras de cerveza y también una rica cena calentita a base de pote de garbanzos y unos filetes con puré de patatas y guarnición. Después nos salimos afuera a disfrutar de un lindo anochecer con una temperatura ambiente muy buena seguido de un espectacular cielo sin luna bien cuajado de estrellas (y de postre también el temerario progreso de un par de luces perdidas en mitad de ninguna parte, rodeadas de paredones y precipicios en la ladera donde está el camino de subida al Llambrión, combatiendo inutilmente la espesa oscuridad reinante..., y pensar que tuvo que subir un tío por el camino bueno para acercárseles lo más posible y convencerles de que mejor hicieran noche allí mismo donde estaban y ya buscarían el camino por la mañana con mejor luz..., qué inconscientes estos ingleses). Así que con todas estas historia animando el ambiente del refugio (y tras un par de chichones contra el techo en el escaso espacio de la litera de arriba), nos fuimos a dormir.




A la mañana siguiente nos levantamos al olor del café recién hecho del desayuno del refugio (pues estábamos al lado de la cocina y el comedor). Tras desayunar y prepararnos, comenzamos el arduo camino de vuelta hasta Cordiñanes y los coches. Si durante la ida la subida fue dura e "interesante", no lo fue menos la bajada del regreso (para disgusto de nuestras rodillas), pero poquito a poco fuimos desandando el camino tranquilamente, disfrutando de las preciosas vistas del hayedo y los picos y valles cercanos y llegamos contentos y felices al pueblo a la hora de comer. Después de comer en un restaurante, nos subimos a los coches e iniciamos el largo y paciente regreso a Madrid.

Resumiendo, una ruta corta aunque muy dura por el tremendo desnivel a salvar en tan poca distancia. Una subida despìadada y sin cuartel que hay que tomar con mucha calma desde el mismo principio saliendo de Cordiñanes (y aún así abundan las ocasiones en las que se desboca el ritmo cardiaco y se echan los higadillos de mala gana, sudando cual tocinos colgados al sol). Una ruta en la que el trazado del camino es espectacular y se disfruta enormemente la contemplación del paisaje, con unas vistas que sólo pueden encontrarse en la salvaje y violenta orografía caliza de los Picos de Europa. Ha merecido bien la pena el esfuerzo.

Un xaludote






domingo, 29 de agosto de 2010

Visita doble a la Buitrera

Tras varias semanas retrasando una visita a la zona de la Buitrera, en la sierra de Ayllón, por fin el pasado sábado día 28 nos juntamos Pablo, Jesús y el que escribe para realizar una travesía de entrenamiento por dicho lugar, con el objetivo de ir templando el cuerpo de cara a la inminente visita programada a los Picos de Europa, la cual promete ser espectacular además de exigente.



Resultó una jornada deliciosa en la que pudimos disfrutar de una ruta variada y entretenida, contando además con que en esta ocasión ni el calor ni las moscas supusieron inconveniente alguno (por increible que pueda parecer esto último en la zona de la que hablamos). Aunque el sol de agosto se dejaba caer a plomo y amenzaba con agobiarnos a la menor oportunidad, en casi todo momento nos acompañó una brisa de componente oeste-noroeste de lo más fresquita y vigorizante, lo cual agradecimos sobremanera vistos los días previos de puro achicharramiento estival, ola de calor africano incluida.

Comenzamos la ruta saliendo de la ermita de Hontanares y nos adentramos en un bosquecillo de robles con algunos pinos al principio en dirección a la Buitrera. Ya desde el principio el sendero empezó a picar hacia arriba y no tardamos en empezar a sudar (aquí logré desbaratar una conspiración entre Jesús y Pablo para evitar que me pusiera en cabeza para marcar un ritmo "de entrenamiento" digno de Picos, pero no les resultó..., al menos hasta que les vi agacharse para coger palos y piedras, momento en el que intuí --puesto que ellos no coleccionan piedras como yo-- que tal vez habría que tomarse la subida a la Buitrera con más calma y disfrutar de las vistas, muy bonitas, por cierto). Una vez apaciguados los ánimos y aclaradas las intenciones, salimos del robledal y llegamos a una zona salpicada de riscos y aristas donde encaramos unas pequeñas chimeneas que nos deleitaron con unas sencillas trepaditas muy de mi gusto. Seguidamente alcanzamos la cuerda de Cerro Gordo y tras este punto vino una sucesión de subidas y bajadas (más de las primeras que de las segundas) que nos llevaron hasta la misma cima de la Buitrera en algo menos de dos horas desde que partimos de la ermita.

Continuamos camino por las crestas que hay en dirección sur hacia el collado del Cervunal, donde nos encontramos con unas canalillas bastante atractivas (y que ya han sido anotadas para cuando estén bien cuajaditas de nieve). Desde el collado del Cervunal segimos hacia el sureste por una senda olvidada de la mano de Dios que bajaba hasta el parque natural del hayedo de Tejera Negra. Si bien la senda contaba con numerosos hitos y marcas amarillas, su falta de uso y la consiguiente invasión de matojos y arbustos viarios dificultaban su seguimiento. Ya abajo cerca del párking junto al río Lilla --totalmente seco-- nos topamos con algunos domingueros (muy pocos, afortunadamente) y aprovechamos para ponernos a la sombra y comer un poco.

Aunque se estaba muy fresquito y bien en este lugar, enseguida nos pusimos de nuevo en marcha subiendo hacia el alto de Cabeza Gorda por un supuesto sendero que de vez en cuando le daba por jugar al escondite entre jaras, piornos y otros elementos decorativos del lugar (para "alegría" de Pablo, que se empeñó en llevar pantalones cortos --y luego se queja de los masajes y caricias que le dan los arbustos, con lo "suavitas" que están las jaras en esta época del año--nótese el toque de ironía en la frase anterior). Tras alcanzar la cuerda y reencontrarnos con gran alivio con la brisa fresquita y vigorizante (que nos había dejado mientras permanecimos al abrigo de Cabeza Gorda y ya la empezábamos a echar en falta de una forma alarmante) proseguimos por más subidas y bajadas de nuevo en dirección a la Buitrera hasta el cerro de Mesa Peñota. Con la Buitrera a tiro de piedra tras una última subida especialmente intensa (que nos recordó nuestra humilde condición de simples mortales), retomamos la cuerda que trajimos a la ida por la mañana y la desandamos hasta la ermita de Hontanares (con otras cuantas subidas y bajadas más de postre --afortunadamente ahora más de las segundas que de las primeras-- con cuerda, chimeneas, riscos y robledal incluidos) donde nos dimos un merecido homenaje rehidratante (no entro en detalles pues ya os imagináis a lo que me refiero, ejem).

En conclusión, una ruta bonita y la mar de entretenida que ha cumplido con creces la puesta a punto de cara a las exigencias de la próxima visita a Picos. En fin, lo siento por aquellos que se la han perdido (y por los que aún no estén en forma, porque van a sufrir de lo lindo...).

Un xaludote
>Tío Paco<

PD: algunos dicen que si he vuelto que si tal. En realidad no me había ido. Sólo estaba oculto entre las sombras, acechando...




lunes, 23 de agosto de 2010

Buscando el Callejón de la Abeja

Aunque en un principio pensamos en titular esta entrada como "Baño de sudor y sangre en la Pedriza", finalmente y pensando en aquellos que no nos conozcan, hemos decidido optar por algo más moderado. Aun así, la primera idea resumía bastante bien lo que dio de si la jornada.
Pero dejando a un lado cuestiones escatológicas, la principal noticia del día fue que ¡Paco ha vuelto! si señores, ha vuelto, y de que manera.
Ante nuestra convocatoria de una sesión de entrenamiento de cara al viaje a Picos de Europa, don Paco se ofreció a diseñar una ruta un tanto sui géneris con objeto de conocer el famosos Callejón de las Abejas, en la Pedriza. Para este experimento nos presentamos Jesús, Juan Carlos y un servidor. La jornada comenzó con una subida al sprint desde el Tranco hasta el Collado de la Vistilla, en menos de 45 minutos, que a Jesús y a mi nos dejó listos para ir penando el resto de la ruta. De ahí, directamente bajamos hasta el Tolmo y al puente del refugio Giner para girar en dirección a Cuatro Caminos. Menos mal que aun bajaba suficiente agua por el arroyo de la Majadilla porque a esas alturas ya nos habíamos bebido y sudado casi todo el líquido que cargábamos. De aquí volvimos a bajar por un bonito sendero de bosque hasta el arroyo para comenzar la subida normal al collado de la Ventana, buscando el desvío hacia el callejón pero no hubo manera y mira que, como pudimos comprobar a la bajada, los hitos eran del tamaño de un poste de teléfonos. El caso es que tomamos otro desvío (por llamarlo de alguna manera) que nos llevó entre zarzas y matojos, hasta el pie de unas vías de escalada cerca del Cocodrilo. Teniendo ya claro que por ahí no era y que no había ganas de recular, Paco jugándose el tipo, decidió probar suerte por una de las canales que suponíamos deberían dar paso al collado de la U pero a mitad de subida la cosa se puso fea y no le quedo más remedio que tirar par abajo. Así que, saltando de roca en roca como las cabras y enganchándonos con todos los matorrales que salían a nuestro encuentro, conseguimos por fin llegar a al PR a la altura del Puro. De allí al collado de la U y por fin al Callejón de las Abejas, eso si, de bajada. Desde aquí poca historia. Más sudores y una larga pateada hasta Canto Cochino y el Tranco entre bañistas, domingueros y demás fauna del lugar.



martes, 17 de agosto de 2010

Días de rocódromo

Después de un largo tiempo flirteando con la escalada, el señor Corz se autoconvenció de que necesitaba hacerse con el material mínimo para meterse en este mundillo. Así que después de comprarse unos pies de gato en una de las tiendas del Rastro nos comentó que había localizado en Alcorcón un lugar para practicar movimientos laterales, algo así como un muro con presas. Y como nos pillaba más o menos cerca de casa Jose y yo nos acercamos a probarlo.

El lugar esta semiabandonado, lleno de hierbajos y de un molesto bordillo que de vez en cuando puede darte algun susto si caes mal. Además, han aprovechado para realizar pintadas en el muro, con lo cual el aspecto no es muy allá. Es algo así como un bulder (boulder o como se diga), de escasa altura (no es necesario usar un crash pad) y en el que se puede echar un rato entretenido. Queda lejos de otros rocódromos que conocíamos como el del Parque de Roma en O'Donell u otros más modestos, pero para probar los pies de gato un rato nos servía. El caso es que Corz tiene localizado por la zona otro lugar donde practicar un poco, pero en este caso no es al aire libre y por tema de vacaciones no pudimos probarlo.




Al día siguiente aprovechamos para conocer el rocódromo de Urban Monkeys en Madrid. Este mes de Agosto es gratuito y todo el material es nuevo. Este sí que nos gustó un montón no en vano creo recordar que eran 450 metros cuadrados escalables. Los que lo llevan son gente maja y al que le pille cerca desde luego tiene una buena oportunidad. Dejamos un enlace por si a alguno le interesa:

http://www.urbanmonkey.es/web/home

Próximamente tenemos pensado acercanos a la zona del Planetario, donde Pablo tiene localizada una zona al aire libre. Al parque de Roma desde luego que también volveremos, ahora que vamos progresando en estos bloques pequeños poco a poco.


Os dejamos algunas fotillos del día de Alcorcón:


domingo, 15 de agosto de 2010

Alto del Telégrafo

Puesto que este sábado andábamos todos un poco limitados, ya fuera en cuestiones físicas o de tiempo, decidimos dejar las rutas para otro fin de semana y continuar alimentando nuestra nueva afición-adicción a la escalada. Esta vez decidimos explorar una nueva zona: el Alto del Telégrafo, al lado del puerto de Navacerrada. José y un servidor llegamos a la zona en cuestión sobre las 12:00 para encontrarnos allí con Manu, Nadia y Pepe que pasaron noche en la sierra y, ya de paso, inspeccionaron la zona antes de nuestra llegada. Como no teníamos croquis fiables ni demasiadas referencias, nos metimos de primeras con una vía con un techito la mar de interesante, que luego resultó ser un 6a que sacamos todos a trancas y barrancas. De ahí pasamos a un V+ bastante entretenido para luego intentar la tontería de un 6b con una entrada desplomada en la que, aparte de terminar con los brazos molidos, no llegamos ni a chapar al segunda cinta lo que nos sirvió para bajarnos un poco los humos y recordarnos nuestra condición de yogurines en estas lides, más aun cuando una pareja que estaba allí al lado sacaron la vía como el que se pasea en pantuflas por su casa mientras nosotros nos limitábamos a babear contemplando la escena.
Con la moral un poco tocada y algo de cansancio en el cuerpo, decidimos probar suerte en la pared que cae hacia el lado sur, donde hicimos un V+ con algo de intríngulis, en el que José sufrió una pequeña caída sin consecuencias y otra vía que suponemos debía ser un 6º en la que no hubo más remedio que hacer algo de trampa. Para postre una pequeña aguja, con bicho incluido en una de las grietas y que resultó ser un entretenido fin de fiesta para una jornada realmente provechosa.
Para rematar, tal y como apareceen en los estatuto no escritos del grupo, dimos buena cuenta de unos refrescantes jarrotes de zumo de cebada en las terrazas del puerto.

Aunque la información que encontramos es poca, suponemos que las tres primeras vías que hicimos o probamos fueron:

- Pepe Pinto: 6a
- El güiski y las mujeres arruinaron mi vida: V+
- Nueva: 6b

En definitiva, una zona algo más complicadilla que lo que veníamos haciendo hasta ahora pero muy interesante para apurar un poco más e ir avanzando pasito a pasito.
Ahí os dejo un video con el incidente de José y unas cuantas fotos de la jornada.




Quebrantaherraduras II

El sábado 7 de Agosto después de unas previas llamadas para organizarlo, motivados por las ganas que tenia Eva de practicar este deporte con el grupo, nos subimos Pablo, José, Eva, Irene y un servidor a intentar hacer un poco de escalada a Quebrantaherraduras, una zona ya conocida por los dos primeros pero totalmente nueva por los demás.
Fuimos por la tarde con la fresca ya que como se ha comentado anteriormente en esa zona da la sombra por las tardes cosa que se agradece a la hora de practicar escalada en esta estación, por suerte no había excesiva gente por lo que pudimos coger las vias.
Empezaríamos con la via más a la derecha, si no me equivoco Estrella de mar (V), después de que el señor Pablo nos la abriera sin mas problemas que una lagartija, aquí un servidor se emociono sin tener fortuna en el intento y dejándolo para mas adelante, posteriormente fue José y otro que parece tener pegamento en las manos, la señorita Irene hizo lo propio y ataco la via, la señorita Eva nos demostró que se tomo muy a conciencia el curso demostrándonos sus dotes para este deporte.
Las siguiente via en hacer seria Elia (V) otra vez Pablo nos demostraría como se hacen las cosas bien, siguiéndoles el resto teniendo mayor y menor fortuna en nuestro empeño. Posteriormente acometería por última vía por este día el señor Pablo la via Terete (V+) dejándonos la cuerda preparada para los demás.

Personalmente, esta zona es muy interesante y aun no habiendo efectuado todas las vias que se comentan, veo que es una zona muy grata a la hora de subir con bastantes agarres tanto de manos como de pies, algunos de ellos tan buenos que parecen una escalera, una zona bastante buena para nuestras practicas y un lugar inmejorable para perderle ese miedo que tenemos todos a las caídas, ya que con su verticalidad la caída no es mas que un simple balanceo sin mas repercusión.

By DavidGarcia